Nuestras desgracias vinieron antes de Matthew

Una trabajadora cuentapropista haitiana nos cuenta: “Yo he sobrevivido al terremoto del 12 de enero aunque mi casa fue destruida; luego una organización internacional me ayudó con un “abri provisoire” (refugio provisional) que luego fue quemado por UDMO (un cuerpo policial especializado en Haití), y lo que quedaba se lo llevaron los vientos de ese huracán (Matthew)”.

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Casa destruida por Matthew en L`Acul, Petit-Goave, Haiti

Esa señora con muchos lamentos nos hizo esa breve historia de lo que fue su vida durante los últimos 6 años. Y, a pesar de todo, ella se levanta cada día con su pequeño negocio ambulante a “buscarse la vida” y por su familia.

Historias así se pueden encontrar en la mayoría de los hogares de las zonas rurales y semi-urbanas de nuestro país. Personas quienes perdieron en 3 ocasiones su vivienda en tan corto tiempo y que el Estado ni se ha enterado. Se podría afirmar que generalmente una persona viviendo en un país desarrollado o en vía de desarrollo no ha vivido ni la mitad de esas penas en el transcurso de toda su vida.

Así como se dice que hay 2 hasta 3 República Dominicana, la situación es fuertemente similar a la de Haití. Encontramos personas en este país quiénes nacieron, se criaron y murieron en una zona muy remonta de la ciudad y las periferias. Ellas no existen para el Estado aunque siempre tengan una mínima representación en alguien que dice ser miembro del Consejo de Administraciones de Colectividades Territoriales (CASEC). Matthew no tiene culpa en esa falta o inexistencia de políticas públicas.

En este sentido no cabe la menor duda de que el gobierno esté maquillando, o por lo menos equivocado, sobre las estadísticas de los desastres o consecuencias post-Matthew. Los datos recogidos por la Protección Civil de Haití, organismo del Estado, difieren mucho de las informaciones oficiales. Por ejemplo, a nivel gubernamental, se había reportado unas 440 muertes a causa del paso del huracán Matthew, y mientras tanto, se podía calcular que en solo 2 municipios murieron cerca de 308 personas.

A un mes de Matthew, huracán de categoría 4 cuyo centro tocó las costas del Sureste de Haití, la mayoría de las secciones comunales de los departamentos fuerte y medianamente afectados por esa catástrofe natural están todavía en espera de recibir una ayuda que pueda suplir algunas necesidades básicas de sobrevivencia. Según la ONU, se estima que 1 millón y medio de personas estarían en esas condiciones.

Para un país que se encuentra en la ruta ordinaria de los huracanes, no se ha organizado ningún plan de prevención o de evacuación en las zonas las más vulnerables, ni desde el Estado, tampoco desde la sociedad civil, y menos desde la población. Hace falta una cultura de prevención a nivel nacional.

Si nos aferramos un poco a las esperanzas que nos alimentan los/as religiosos/as: “Dios no nos dará ninguna prueba que no podamos soportar”. Sin embargo, no estábamos preparados/as en lo mínimo ante ese enviado natural o celestial (ni siquiera el nombre del huracán era Apocalipsis). Así que el gobierno de Privert-Jean Charles estaba delirando cuando había lanzado la propaganda “0 muertes” al darse cuenta del inminente paso del huracán en territorio haitiano.

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Caricatura del diario haitiano Le Nouvelliste sobre la polémica de la ayuda dominicana en Haiti

Para propagandas servimos nada más. Hubo algunos dizque representantes del pueblo, que en vez de concentrar todos los esfuerzos en hacerle llegar a los-as damnificados-as la ayuda, estaban gastando salivas en contra de la presencia de algunos militares dominicanos en servicio con el Ministerio de Obras Publicas de ese país, los cuales también protegían las toneladas de donaciones que el gobierno dominicano, luego de la visita del presidente dominicano a su par haitiano, ha enviado en Haití. El Estado dominicano debe saber que el pueblo haitiano, especialmente las personas en esas condiciones de miseria y paupérrimas luego de Matthew, está muy agradecido de la ayuda dominicana (contrario a lo que hayan reportado algunos medios dominicanos basándose en la declaración de unos pocos políticos haitianos). Tanto así que muchos/as haitianos/as aprendieron a decir “glacia” cada vez pasaba el convoy dominicano.

La principal lección que debemos aprender de Matthew es que debemos urgentemente reorganizar el Estado haitiano. No es posible seguir ese mismo camino de indiferencias de las élites, de la poca o nula representación de sus políticos, de seguir improvisando (qué hicimos los primeros 7 meses del año en preparación y prevención frente a las temporadas ciclónicas)… y la lista es interminable. Matthew pasó a la historia gracias a Haití, y no estaba muy interesado.

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