Reflexión de un machista que quiso revisarse

Repensando el feminismo desde una visión insular

La presente declaración pretende ser una más de la que estarían diciendo o repitiendo muchos hombres a través del mundo, quienes tampoco aguantan la presente opresión tan violenta hacia el género femenino.

 

Son de esos temas que nos atormentan cada vez que se analiza, es casi una historia sin fin, muchas veces mejor esconderse las cabezas en la arena, pero al final la realidad es una realidad cruel y debemos hablarlo hasta que nos cansemos o que cambie esa situación.

Por ejemplo, seguir hablando de las prácticas de exclusión y discriminación en Estados Unidos, que según algunos testimonios, fueron tan extremas que llevaron en ocasiones a  considerarse como normal y se aceptaba igual la negativa a alquilar apartamentos a un/a negro/a, lo cual también incluía la fijación de lugares específicos para las personas de color.  Igual con los derechos al voto y la elegibilidad de las mujeres, que en Haití fue posible solo hasta 1950, y un poquito antes en República Dominicana, esto es, en 1942.

Desde hace mucho tiempo, nos suelen dividir en categorías: los normales y de plenos derechos y de “segunda categoría”, éstos y éstas a quienes se les debía limitar varios derechos “naturales”.

Evolución contada por una mente misógina...
Evolución… contada por una mente misógina

Pues se percibe, desde otra perspectiva, un mundo donde lo injusto es la regla o ley: se justifica un genocidio civil porque el número de ciudadanos/as a ser masacrado/as es menor de lo que se pensó o lo que dicen los/as afectados/as. Y eso, cuando ya se decía que el apartheid y el fascismo eran historia del siglo 20, al igual que la guerra sionista de Israel que mató a cientos de civiles palestinos/as; la ocupación de una plaza de un diputado por uno o todos sus familiares; quitar derechos ganados por el movimiento sindical dominicano en la grosera pretensión de los/as tutumpotes con su contrarreforma del Código de Trabajo; permitirle a las megaminerías apropiarse de los recursos naturales y en detrimento de la salud y/o bienestar de la población, o que un funcionario del Estado apoye públicamente manifestaciones xenófobas organizadas… Esa lista, ¿terminará algún día?

Son las mujeres las llamadas a luchar por sus derechos, porque es a ellas quienes se les niegan. Y  eso puede aplicarse a toda otra lucha donde las víctimas tienen que ser las principales protagonistas de su propio proceso revolucionario.

Pero se podría preguntar: ¿eso no afecta también, y a gran escala, a los hombres que estamos cansados de “ser machos”, “los más fuertes”, “los conquistadores”, “exitosos”, “competidores”, “ganadores”, y por ende opresores, violentos, violadores, asesinos…?

Tan lejos hemos llegado que, según un estudio, las mujeres de entre 15 y 44 años tienen una mayor probabilidad de ser mutiladas o asesinadas, por hombres, que de morir de cáncer, malaria, accidentes de tráfico o guerra combinados.

Muchas veces alguien quiso identificarse como “feminista”, pero al rato volvía a ser lo que le habían obligado a ser, y eso le arrancó las ganas de sugerir otro título que hubiera podido ser, por ejemplo: Confesiones de un hombre feminista. Es que no es fácil cambiar una mentalidad después de que fueron inyectados en tu cuerpo, piel, venas, sangre… en todos tus sesos, nutrientes de las conductas machistas, consideradas “normales” o “ideales”, solo para conservar el poder.

Próximo a sus 24 años, ese mismo joven participaba en una iglesia donde los machos tenían algunos juegos físicos. Muy rudos, de hombres, decían. Eran considerados necesarios para elevar la hombría natural, “como su dios la había ideado”, aunque eso conllevaba a lastimarse entre ellos mismos. Él veía que eso era algo muy raro e innecesario, y teniendo que excusar para no participar, alegando que era “clásico”.

Y es que muchas instituciones sociales que educan y vigilan fomentan esa cultura de violación.  Cómplices son las escuelas, las familias, los medios de comunicación (muy preocupantes los anuncios publicitarios), las iglesias, el gran y poderoso Estado (en nuestro contexto), etc. Eso trae como consecuencia muchos asesinatos de odio o fobia, por ejemplo la más reciente contra Kimberly Sody, la joven asesinada el pasado 29 de octubre 2014 en un hotel de la capital.

Fuente: http://acento.com.do/2014/actualidad/8165324-colectiva-mujer-salud-lanza-campana-publicidad-machista/
Fuente: http://acento.com.do/2014/actualidad/8165324-colectiva-mujer-salud-lanza-campana-publicidad-machista/

Otro testimonio darnos cuenta de que sentimos la urgencia de revertir la situación es que todavía los hombres “piden la mano”. El hecho de pedir la mano, y que sean también los hombres facultados a hacer eso, demuestra que realmente vamos en una dirección no deseada. Una vez, una mujer le enamoró a un hombre hasta hacerle declarar primero como condición para que se diera más o menos una relación formal.

Deberíamos emprender acciones concretas para superar esa cultura de violencia y violación, la cual nos enseña a violar en vez de cuidar y sentir, o “ser” simplemente. Existe una imposición a ser “hombres mutilados emocionalmente”, a creernos “pequeños” o “vulnerables” cuando nos dirigen expresiones como “mamita”, “maricón o mariconcito”, “pájaro”, “locas”, “flojos”, etc.

Desprejuiciarnos de que las mujeres dominicanas, haitianas, o de algunos otros países, son disimuladoras, o sea, nunca revelarían que desean tener relaciones sexuales hasta que el hombre “las trabaje”.

Rechazar categórica y enérgicamente las nuevas aspiraciones políticas de personalidades al estilo de Julio Romero, que no son pocos. Resulta ser la violencia más grande que se hace a la sociedad, o sea, tanto a las mujeres, principalmente, pero también a los hombres, ver esto:

Imagen símbolo de la violencia y violación institucionalizadas
Imagen símbolo de la violencia y violación institucionalizadas

Demandar con más fuerzas, o mejor exigir, que no haya una religión de Estado, cuna de ideologías machistas, de violencias y negaciones de derechos.

¿Por qué no sencillamente romper con eso? Es tiempo de empezar a identificar las instituciones responsables.

Un autor español, o sea, hombre, hizo la siguiente pregunta: ¿A quién le interesa perpetuar el sistema patriarcal que excluye a las mujeres y a todos aquellos que no comulgan con sus ideas?  Hemos creado el sistema y resultó ser más fuerte e inteligente que todos/as nosotros/as, pero, en fin, somos los/as creadores y se puede deconstruir.

Otro hombre de Chile reconoce: “… solo puedo pensar en la igualdad que requiere el mundo en cuanto a derechos; esto independientemente de género, comportamiento social, sexo, sexualidad, ingresos económicos, etc. Los hombres son capaces de albergar sentimientos profundos, de cuidar y amar, las mujeres son capaces de borrar la imagen de fragilidad y dependencia que la sociedad les impone…”

Mujeres y hombres: no tenemos que aceptar el patriarcado, sea de dónde sea, y todo lo que conlleva mantenerlo.

Hombres, ¡empecemos a llorar, a mostrar sentimientos! Al final somos seres humanos iguales a las mujeres. Si el feminismo es una propuesta de solución a todos esos males, pues unámonos a esa ideología.

Hay que albergar la esperanza o el feeling optimista de que las cosas cambiarán, que ya no habrá tales distinciones para decir, por ejemplo, que tal mujer es dominicana de ascendencia haitiana porque, sencillo, es una dominicana.

Pero mientras tanto, es menester seguir cultivando el pesimismo para poder actuar para fomentar:

Una mejor sociedad, libre de discriminación y desigualdades…

Una mejor República Dominicana, inclusiva,

Por una mejor “Haití chérie”, unida y diversa,

¡Por una Quisqueya solidaria, equitativa y justa!

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